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Estas barras muestran el porcentaje de participación en las elecciones nacionales desde 2011. La tendencia a la baja es un fenómeno generalizado en la población.

Las barras rojas corresponden a las elecciones presidenciales generales. La caída de la participación se volvió evidente en 2023.

La tendencia es todavía más clara en las elecciones legislativas, representadas por las barras amarillas. Son comicios que despiertan menos interés y que, año tras año, llevan a menos personas a las urnas.

La caída de la participación es un fenómeno general. La importancia que el electorado le atribuye a cada elección influye en cuántas personas deciden votar.

En la elección de 2023, poco más del 77% del padrón acudió a las urnas.

Pero si desagregamos la participación según la edad que tenía cada elector en 2023, vemos que el comportamiento no es uniforme.

Lo primero que se advierte es que, a partir de los 70 años, la participación comienza a caer. Y lo hace rápidamente.

En Argentina, el voto es obligatorio hasta los 70 años. Cuando deja de serlo, la participación se desploma. Esto sugiere que muchas de estas personas votaban por deber institucional y, al desaparecer la obligación, dejaron de participar.

El grupo de entre 40 y 70 años forma una meseta alta de participación en la curva. Sin embargo, nada permite afirmar que mantendrá ese compromiso cuando deje de tener la obligación de votar.

En el tercer grupo, la participación disminuye cuanto más joven es el electorado, hasta alcanzar el punto más bajo del gráfico.

El punto más bajo corresponde a quienes tenían 25 años en 2023: personas nacidas en 1999.

El último grupo es el de los más jóvenes. Allí se destaca una participación muy alta a los 18 años, que luego cae. La primera oportunidad de votar genera un interés que desaparece cuando deja de ser novedoso.

Este rango de edades incluye a casi toda la Generación Z, nacida entre 1997 y 2012. El menor nivel de participación aparece entre los mayores de esa generación.

Si observamos la misma curva desagregada por sexo, resulta evidente que las mujeres registran una menor participación.

81%
Hombres
72%
Mujeres

Entre la edad de mayor participación de los hombres (58 años) y la de menor participación (25 años) hay una diferencia de 11 puntos.

Entre las mujeres con mayor participación (65 años) y menor participación (25 años) hay una diferencia de 19 puntos.

Habría que revisar esta curva en otras elecciones para determinar si el comportamiento responde a la edad o a una característica generacional.

En la elección presidencial de 2019, la forma de la curva se mantiene.

La participación del electorado adulto cae abruptamente a partir de los 70 años.

La generación nacida en 1999 tenía 21 años y, aunque no era el punto más bajo, estaba a apenas unas décimas de serlo.

Hay una diferencia de 12 puntos entre su participación y el punto más alto del voto obligatorio, ubicado a los 59 años.

Volvamos a 2023: entre la generación nacida en 1999 y el punto más alto de participación, a los 59 años, hay una diferencia de 16 puntos.

Terminamos en la elección legislativa de 2025. Al ser una elección de menor relevancia percibida, la participación general cae a un mínimo histórico.

Para entonces, la generación nacida en 1999 tiene 27 años y sigue siendo el punto más bajo de la curva.

Esa generación funciona como un punto de presión que empuja la curva hacia abajo a medida que avanza en edad y se suceden las elecciones.